Me paré junto al arroyo para descansar y mojarme los pies, era la hora en la que el día no se ha ido y la noche no recuerda que tiene la hora de llegada. Me descalcé y el agua fresca calmaba los caminos de mis pies, de pronto una ondina comenzó a jugar conmigo; sus risas y sus danzas mantenían mi atención distraída cuando de pronto yo estaba en el fondo del arroyo que se había convertido en río. Aparecieron mas ondinas, y creo que estuve bailando y escuchando leyendas toda la noche, o quizá fue solo una hora, o un segundo. Cuando decidieron que podía salir del agua, aparecí vestida con ropas violetas, el color de mi vestidos era el color de la hora en el que la noche no se ha ido y el día no recuerda la hora de llegada.
Con el traje de colores violetas tuve que ir de aldea en aldea contando leyendas, cuentos, relatos, y así estuve siete años. No era mala vida, tras cada narración tenía comida, calor en el fuego y una cama con sabanas limpias. Mi vestido se iba estropeando y perdiendo su color mientras andaba por los caminos, caminos que duraron siete años contando relatos que iba olvidando.
La ultima vez que tenía que contar una leyenda en medio de una plaza, apenas recordaba nada, y esa noche no dormí en sabanas limpias, tuve que dormir al raso, y mi ropa raída apenas me abrigaba. Cuando desperté mi ropa era de color azul de agua y blanco de amanecida. Regresé a casa, y todo estaba igual que hacía unas horas, cuando salí de mañana a por agua del arroyo. Nadie sabía que había estado siete años fuera con ropas prestadas.
Lo que acabáis de leer es la primera leyenda que conté, y conseguí una moneda de plata y un vestido de color...
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1 comentarios:
querida amiga, no dejes nunca de escribir, por favor. Se que no dispones de mucho tiempo, pero te mando ánimo para que el menor resquicio de tiempo lo dediques a escribir, es muy bello leerte y más lindo saber de ti, cercana.
Gracias por vuestra amistad para con nosotros
LLuis
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