El hijo de la montaña
Tardé casi dos años en darme cuenta de lo que ocurría. Daba igual si estábamos hablando o en silencio, si mostrábamos acuerdo o desacuerdo en la conversación, si nos mirábamos o evitábamos la miradas que delataban los estados de ánimo. Daba igual lo que ocurriese, entre nosotros había un río subterráneo que comunicaba nuestros lagos internos.
Tardé casi dos años en reconocer ese río, era el mismo que nos unía a mi padre y a mí.
Tengo dos recuerdos de mi padre en los que estábamos mirando el río y las montañas, no sé cuanto tiempo de diferencia hay entre esos dos recuerdos. No sé si son varios años, o son dos tardes; una tarde de primavera y la otra de otoño. En cualquier caso, en cada una de esas tardes los dos mirábamos un la puesta de sol tras las montañas azules un domingo por la tarde. Paseábamos en silencio, y entre los dos existía una comunicación que se debía al río que fluía entre nosotros.
Pasados los años, en una tarde de primavera en una ciudad de la meseta todo acabó. La tormenta primaveral había dejado música en los árboles, y mientras yo caminaba hacia el autobús las moreras y las jacarandas entonaban "La feria de Scarborough", y yo tatareaba "el rastro de los gorriones sobre la nieve cresteada de gris, cobija y arropa al hijo de la montaña"...
Aquella tarde vi por última vez al hijo de la montaña.
Pasados los años te conocí a ti, yo había cambiado, había crecido y había viajado mucho, incluso llegué hasta las tierras de seda en las que Marco Polo descubrió la sabiduría.
Hace un año, una mañana de primavera, tras una tormenta las aceras reflejaban en el agua los edificios. Los charcos parecían espejos. Nos encontramos por casualidad, y al saludarme en mi cabeza comenzó a sonar la música de "La feria de Scarborough".
Es posible que tú nunca llegues a saberlo, pero lo que me acerca a ti, es el río de mi infancia, el que me unía a mi padre y le cobijaba como hijo de la montaña.
Fecha del escrito septiembre 2005
viernes, marzo 27, 2009
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10 comentarios:
Precioso texto, amiga.
Me fascino: "La tormenta primaveral había dejado música en los árboles".
Saludos.
Gracias Goathemala por visitar mi blog, voy recopilando escritos de antaño y por lo menos no los dejo desperdigados.
Me alegra que te guste el texto. Un abrazo.
Nos estás regalando con hermosos escritos, querida amiga. Una ventana de tu alma. Gracias. Gonzalo.
Te expresas bien Gonzalo, no podía ser de otra manera. Sí, una ventana de mi alma, pero tengo tantas almas que debo abrir muchas ventanas. Gracias por pasarte por mi blog, un abrazo.
A propósito de tu comentario por el correo: sí, desde el comienzo supuse que te referías a tu padre. G.
Gracias Gonzalo.
Genial...
Siempre me fascinó la manera tuya tan peculiar de escribir.
Este texto, por ejemplo, genial y al mismo tiempo, sentimental y lleno de entusiasmo al mirar el pasado...
Los recuerdos son , a mi parecer, pequeños impulsos necesarios para retomar aire y volver a la cruda realidad de los días.
La mirada de un padre te marca, más aún si tu mirada se une a la suya y observan el horizonte en la misma dirección...
Querida Marlu, bendiciones y agradecimientos muchos. Recuerdos y nos vemos en algún lugar...
Por cierto, he vuelto a retomar mi trabajo en la empresa, y mi mujer va bien... Está de baja y todo encaminado...
Un beso
lluis
Cada vez que leo (o releo, como en este caso) una de tus narrativas, me asombra. Me asombra que insistas en que no estás conforme de la manera en que escribes. Bueno, puedo entender que uno mismo es el mayor crítimo de sí mismo, y que desees escribir aún mejor. Pero yo estoy muy conforme de la forma en que lo haces. Me encanta tu forma de narrar.
Me acabas de alegrar la mañana guardafaro. Llevo todo el puente a “solas con mi madre” y en este momento he venido al ordenador a escaparme los minutos de rigor y me encuentro con tu comentario, así que encantada de la vida. De paso te digo que me he apuntado a un taller de redacción y ahora te paso un correo, porque si no lo hago ahora pueden pasar meses. Hace tiempo que mi tiempo no es mío, pero sobrevivo bordando cojines a medio punto, voy a llenar el pueblo de bordados. Un abrazo y gracias.
Para ti Lluis decirte que la semitarde de domingo que pasamos con tu familia fue muy agradable, si los dioses son propicios esta semana os visitaríamos otra vez, pero claro, con el condicional de “si Dios quiere”.
Un abrazo grande para los dos. Un beso.
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